EDUARDO. AGUERA VILLALOBOS
Description
Durante siglos, los marineros han sabido que el mar guarda secretos que no aparecen en los mapas.
En los puertos del siglo XVI, entre barriles de ron,
...
redes húmedas y cicatrices mal cerradas, se susurraba una historia prohibida. Hablaba de una isla que no permanecía en el mismo lugar, de una tierra que emergía del océano solo durante unas horas y luego desaparecía, hundiéndose en las profundidades como si jamás hubiera existido.
Decían que en esa isla se escondía un tesoro antiguo, tan valioso que podía cambiar el destino de reinos enteros. Otros afirmaban que la isla estaba viva, que se movía para proteger aquello que guardaba. Y los más viejos advertían que ningún barco que la encontrara volvía siendo el mismo.
Esta es la historia de un muchacho que no buscaba aventuras...
de una tripulación de piratas perseguidos por la flota francesa...
y de una leyenda que decidió despertar. Porque algunas islas no se descubren.
Algunas islas te encuentran a ti.
El mar estaba en calma aquella mañana, demasiado en calma. Martín de Alcázar lo notó antes que nadie. Desde lo alto del palo mayor del Santa Isabela, observaba el horizonte con los ojos entornados, sintiendo cómo el viento le rozaba la cara sin fuerza, como si el océano estuviera conteniendo la respiración.
Tenía trece años y ese era su primer viaje largo. Hasta hacía pocos meses, su vida transcurría entre el puerto de Cádiz y las historias exageradas de marineros que juraban haber visto monstruos marinos y cofres repletos de oro. Martín nunca creyó del todo en esas historias, pero tampoco las olvidaba.
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