TRUTHS FOR. THOUGHT
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Las guerras han sido una constante a lo largo de la historia humana, reflejando nuestra naturaleza caída. Desde el momento en que la humanidad se apar
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tó de Dios, hemos estado en guerra con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Sin embargo, las guerras no son eventos únicos; están compuestas por batallas individuales, cada una librada en su propio tiempo y lugar, que, en conjunto, determinan el resultado de la guerra.
Los estrategas militares coinciden en que ganar una guerra no se trata de triunfar en cada batalla, sino de asegurar la victoria en las más decisivas-aquellas en las que la estrategia y el momento oportuno son lo más importante. De manera similar, la vida es una serie continua de batallas y cada día trae nuevos desafíos y luchas. No obstante, sin importar cuán larga o corta sea nuestra vida, llegará a su fin. En ese día, cesarán nuestras batallas terrenales.
Sin embargo, estos conflictos diarios suelen nublar la batalla más importante: la de nuestras almas. Esto plantea una pregunta que ha perseguido a la humanidad durante siglos: "¿Qué sucede cuando morimos?" Si la muerte es el final, entonces la guerra ha terminado y no quedan más batallas por luchar. Pero si la muerte no es el final, queda una última batalla: aquella que determina el destino eterno de nuestras almas.
Aquí reside el misterio: ¿Ha terminado realmente la guerra? Yo creo que sí. La guerra fue ganada de manera definitiva el día en que Jesucristo murió en la Cruz. Sin embargo, aunque la victoria final ha sido asegurada, aún queda una batalla crucial: la batalla personal por nuestras almas-"La Batalla de las Naturalezas: El Ser Humano contra Dios".
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