ESTEFANY. J. A.
Description
Después de un largo rato, Uriel Asher susurró
- "Aitana, en tu próxima vida, nace en otra familia y corrige tu mala actitud..." ¿Mi mala actitud? Veo
...
con impotencia cómo Víctor O'Brien toma una decisión brutal, sin una pizca de duda o remordimiento. Con frialdad absoluta, da órdenes secas y tajantes. Bajo su mando, los sirvientes improvisan un ataúd con maderas viejas, tablas mal encajadas que apenas logran mantener una forma rectangular. Ni siquiera se molestan en lijarlas o alinearlas bien. No fue hecho con respeto, fue hecho con prisa... como quien quiere deshacerse de un objeto molesto. No era un ataúd, era una caja.
Una caja miserable. Veo como mi cuerpo, inerte, es colocado dentro bruscamente, como si ya no significara nada. Como si jamás hubiera tenido un nombre, una historia, una dignidad. Luego, con movimientos casi clandestinos, la caja es retirada de la villa de destierro, como si hasta mi cadáver fuera una vergüenza que debía ocultarse a toda costa. Nadie habla. Nadie llora. Nadie pregunta. Simplemente desaparecen con lo que queda de mí. No hay ceremonia. No hay flores. Ni siquiera una mirada de compasión. En este gran imperio, incluso los criminales condenados a la horca reciben un funeral digno. Un ataúd de verdad. Un entierro oficial. Pero yo... yo no estoy recibiendo ni eso. -"Mantendremos este asunto en secreto, por ahora. No dejemos que Ágata lo descubra... Si se entera, podría rompérsele el corazón" -dijo Víctor O'Brien, con la misma frialdad con la que uno barre el polvo bajo una alfombra.
Elías O'Brien asintió enseguida, sin mostrar la menor duda. -"Aitana O'Brien debe haberse suicidado por remordimiento. Salió bien librada la desgraciada" -escupió con crueldad, como si mis últimos momentos fueran una anécdota sin importancia. Y a mí, una opresiva sensación de asfixia se apodera de mi interior, tan intensa que siento como si el aire mismo se negara a entrar en mis pulmones. Estos... ¿son los miembros de mi familia? No había ni rastro de afecto en sus palabras, ni una chispa de humanidad en su trato. Me miran con desprecio, con desdén, como si mi sola existencia fuera una molestia que era mejor eliminar cuanto antes. Hablaron de mí como si fuera un objeto defectuoso. Como si mi vida no tuviera más valor que el de un trapo sucio arrojado al suelo.
Ni siquiera a un perro callejero lo tratarían con tanta crueldad.
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